jueves, 13 de junio de 2019
sábado, 12 de diciembre de 2015
Un libro para Navidad: Leche merengada de Paula Tomassoni
- Leche Merengada fue elegida con más de 90 votos como la 5ta mejor novela argentina del año, según la encuesta realizada por Libros Elegidos.
Por: Natalia Crespo
El argumento es nimio: los preparativos y la realización de la cena de Nochebuena en una familia de clase media porteña, con sus conocidos rituales, queridos o no, fastidiosos para casi todos: el arbolito, el pionono, el vittel toné. El lenguaje de Leche merengada es espontáneo y fresco, sin excesos pero tampoco despojado ni telegráfico. Nada, al parecer, se sale de lo que podría ser la narración, cercana a lo oral, del discurrir de la vida misma, del día a día, de una mujer de 37 años separada y con dos hijas chicas. Y, sin embargo, como nos suele ocurrir con la buena literatura, toda anécdota se torna mucho más que la mera anécdota. Cada escena se va espesando con una dimensión alegórica o simbólica propia de la leche merengada. Transportar en el auto el cordero que comerá la familia en Nochebuena agobia porque no es sólo eso: es la angustia de la conductora que debe compartir un espacio pequeño con un animal muerto que gotea sangre. El gusto del primo Julio por coleccionar mariposas es, además del afán zoológico, una escena de sadismo con reminiscencias eróticas. Comprar un shampoo para cabellos resquebrajados es un modo posible de atravesar un duelo, de querer reponerse de otras fisuras, mejor arraigadas que los pelos debilitados. Un marido que le tira pedos a su esposa debajo de las sábanas que él mismo traba con su cuerpo nos habla, en verdad, de la asfixia de ese matrimonio. Un padre que cuelga de un árbol la malla de su hijo y vocifera su desnudez no es sólo eso: es la imagen que mejor condensa la humillación del fuerte hacia el débil. Y así sucesivamente: cada vivencia, cada recuerdo, es eso y otra cosa. La vida de Marina, la protagonista, avanza entre su presente y sus recuerdos de la infancia, en un cotejo que despliega cada vez múltiples sentidos. Lo cotidiano es la sumatoria de actividades para cumplir (o acaso para sobrevivir), pero también es otra cosa, es el cauce de un río subcutáneo que va marcando el paso del tiempo, el recuerdo de los que no están, las ilusiones que, a pesar de todo, aun quedan sobre el futuro. En fin, una preciosa novela, ideal para regalar en Navidad.
Título: Leche merengada
Autor: Paula Tomassoni
Editorial: EME
martes, 1 de diciembre de 2015
Guía de estudio de la ética kantiana
La
ética del deber
Por: Mayra Abril Gross
La ética kantiana y el
objeto de su estudio
El
objeto de la ética kantiana es el bien absoluto. Dice Kant: “(…) Ni en el
mundo, ni en general, fuera de él, es posible pensar nada que pueda ser
considerado bueno sin restricción, excepto una buena voluntad.” Desarrollemos,
entonces, el uso que solemos darle a la palabra “bueno”. Por lo general
empleamos el concepto “bueno” agregándole un complemento, el concepto utilizado
de forma cotidiana funciona como un condicional, es decir, “si x entonces y”, esto es denominado enunciado condicional. Para que algo pueda
ser determinado como “bueno” debe existir un sustantivo o una construcción
verbal precedente determinada. He aquí un ejemplo: el cuchillo es bueno para
cortar carne. De esta forma, el concepto está siendo ligado al relativismo del
lenguaje cotidiano.
Sin
embargo, para fundamentar la ética, Kant requiere de un concepto sin ningún
tipo de restricción, (es decir algo bueno en sentido absoluto y universal),
para que la fundamentación de la ética se encontrara en la filosofía. Retomando
la cita, Kant insiste que lo bueno
absoluto y universal es la buena voluntad. Todo lo que provenga de la buena
voluntad será bueno en sí mismo. En
este sentido, Kant anuncia, a su vez, que todo lo que realicemos no será bueno
o malo de acuerdo a nuestra felicidad, (contraposición directa a la ética de
las virtudes aristotélica) dado que la misma es enteramente contingente y
relativa al individuo y su cultura. Se insiste
que lo único que puede sostener una fundamentación universal y filosófica para
la ética es la buena voluntad.
Relación entre “buena voluntad” y accionar
Luego
de explicar la fundamentación de la ética en la buena voluntad, Kant debe
separarla del principio de la acción. Es necesario aclarar que por un lado se
encuentra la voluntad que es el “querer”, y por otro el accionar que es la
ejecución de la acción y sus consecuencias. Al centrar la buena voluntad en el
interior del hombre, entendemos a la buena voluntad como una facultad universal
de las personas.
En
este sentido, Kant entiende que es la buena voluntad lo de real importancia y no la consecuencia
de la acción que ella misma [la buena voluntad] haya motivado e iniciado, que
ocurre y se realiza en el plano de los hechos. Así es que se logra una
separación de lo empírico (lo que pertenece al mundo de los hechos) de lo
trascendental (lo que ordena el mundo de los hechos y no pertenece a él): si el
resultado obtenido de una acción dirigida por la buena voluntad no es positivo,
no se lo debe pensar de manera inmoral, dado que la buena voluntad no es buena
por lo que efectúe o realice, sino que es buena en sí misma. Y, a su vez, cabe
aclarar que una voluntad buena es aquella que actúa por deber.
Diferencia
entre las acciones realizadas “por deber” y las realizadas “conforme al deber”
Dentro
de lo desarrollado por Kant, existe una diferenciación entre acciones
realizadas por deber y acciones realizadas conforme al deber. Primeramente,
distingue entre lo que denomina como “inclinaciones” que son ni más ni menos
que los deseos de la persona, sus percepciones, sus motivaciones, etc. y lo que
entiende por deber. Si bien actuar por inclinación no es para Kant un acto
inmoral, no tiene su fundamentación en un sentido moral, por lo que, actuar
moralmente es actuar por deber. Es decir, nuestra voluntad puede relacionarse
con el deber y efectuar acciones morales.
Sin
embargo, aquí Kant explica tres formas que posee nuestra voluntad para
relacionarse con el deber. Las acciones que se realizan en contra del deber, es
decir, aquellas que infringen las normas y nos conducen a actuar inmoralmente.
Las acciones que se realizan conforme al deber, son aquellas acciones dirigidas
por las inclinaciones (sentimientos, percepciones, conveniencias, etc). Es
decir que, el cumplimiento de la ley sucede por una suerte de conveniencia, o
apreciación del individuo, ejemplifiquemos esta noción. Kant toma el ejemplo
del mercader que no sube sus precios a compradores inexpertos, sino que los
mantiene igual incluso frente a los niños; pero dirá Kant que si bien es una
acción honrada, esta no alcanza para ser calificada por deber, sino que lo que
el mercader buscaba en última instancia era sacar algún tipo de provecho de la
situación. Por lo tanto, según la ética kantiana, esta acción no es
auténticamente moral.
Finalmente,
las acciones realizadas por deber, son aquellas que no son teñidas de ningún
tipo de inclinación. Son las acciones realizadas por el deber mismo. Dirá Kant:
“el deber es la necesidad de una acción
por respeto a la ley.”
Explicado
esto, entendemos por qué es necesario tener pleno conocimiento del motor que
impulsa las acciones de los hombres, tanto si son realizadas por algún tipo de
inclinación como si no lo son. Las acciones que sean motivadas por las
inclinaciones no serán acciones morales, en cambio las realizadas por el simple
respeto a la ley serán auténticamente morales.
Aquí
tres ejemplos de acciones realizadas conforme al deber:
a. Un
individuo x realiza donaciones a la
caridad movilizado por un sentimiento de compasión y piedad, como se ha dicho,
esta acción no es inmoral, pero no puede ser entendida como una acción
efectuada por el deber, ya que su motivación fue iniciada por una inclinación.
b. Una
persona comienza a cuidar a un familiar que se encuentra afectado por una
enfermedad, pero la persona es motivada por el miedo que le induce la idea del
fallecimiento del familiar en cuestión; esta acción aunque no inmoral, no es
realizada por deber, sino por una inclinación: el temor.
c. Un
individuo que se encuentra enfermo decide de todas formas asistir a su trabajo,
pero su razón se origina en la idea de que le descontarían el sueldo de ese
día, y no porque su obligación fuera asistir al día laboral. Esta acción
también es conforme al deber dado que la asistencia del hombre a su trabajo no
fue impulsada por su deber de asistir, sino que su razón encontró fundamento en
una inclinación.
¿Qué
prevalece al alejarnos de las inclinaciones?
El
hombre es un ser que puede conocer la ley y ser consciente de ella. Dice Kant:
“(…) Puesto que he sustraído la voluntad a todos los impulsos que podrían
apartarla del cumplimiento de una ley, no queda nada más que la legalidad
universal de las acciones en general (que debe ser el único principio de la
voluntad); es decir, yo no debo obrar nunca más que de modo que pueda querer
que mi máxima se convierta en ley universal.”
Es
decir, el hombre puede ser plenamente consciente de la ley moral porque aquella
reside en la razón. He aquí una universalización de lo racional. De esta forma,
si se siguiera lo que la razón indica, apartando del camino las inclinaciones,
se accedería por este camino a la ley moral. Prevaleciendo plenamente el deber
por el deber, una vez dejadas de lado las inclinaciones y los impulsos.
Imperativo
categórico (moral), y otros tipos de
imperativos
Para
comenzar a explicar el imperativo categórico de la ética kantiana, tengamos en
cuenta que un imperativo es una ley, entendida como ley moral dentro de este
ámbito ético. A su vez, el imperativo categórico no requerirá de un antecedente
condicional para ordenar (“hay que hacer x”),
como así sí lo necesitarán los imperativos hipotéticos de los que hablaremos
luego.
El
Imperativo categórico funciona como una ley formal y carente de contenido, es
decir, se la debe entender como un mandamiento que debe poder ser
universalizado. La ley moral está siendo sujetada por este imperativo (de
hecho, la ley moral es un imperativo categórico) que insiste en que nuestro
accionar pueda ser pensado como un universal. Por esto utilicé la noción de
“ley formal”, ya que al carecer de contenido puede ser pensada como una suerte
de “fórmula” por la cual el accionar debe someterse para entenderse como moral
o no. Esto permitiría entender si mi máxima (la acción que someteré a la
universalización del imperativo) respeta la ley moral.
Por
otro lado, los imperativos hipotéticos, como ya se ha mencionado, sí necesitan
de una precondición dada. En este caso, la fórmula condicional sería “para
conseguir x, debes hacer y”. Los imperativos hipotéticos buscan
obtener un fin específico, mientras que a diferencia, el categórico sólo ordena
sin necesidad de una condición predeterminada. He aquí un ejemplo de un
imperativo hipotético: “Si quieres aprobar el examen, debes estudiar.”
De
esta forma, cerramos la guía de estudio luego de una debida interpretación de
los puntos específicos y relevantes a tener en cuenta al momento de realizar un
análisis al corpus de la ética kantiana.
jueves, 26 de noviembre de 2015
El sonido de la ausencia
Otaku es la novela de Paula
Brecciaroli donde nos muestra la vida de Gastón a partir de su cumpleaños
número 40.
Gastón es Otaku, acaso el primer
representante de una cultura que llegó con fervor a Buenos Aires, empujado por
la globalización de este postmodernismo tardío que pone en vilo a toda una
cultura regida por las falencias del mundo occidental, que entiende al otro y
lo percibe de manera peyorativa.
De igual manera en que lo hace Kandinsky cuando analiza la física del color, encontraremos en la novela el tono correspondiente a los estados de ánimo del protagonista, a ese estado de
ánimo que solo puede explicarse a través de la sensación de ausencia que el
color negro trae consigo. Y será la ausencia misma de Gastón, quién intentará,
desde su fuero interno, comprender cómo es que el pasado, junto a sus emociones
presentes, emergen desde la oscuridad total de su cuarto en un departamento
citadino donde se gana la vida ayudando a su padre plomero.
La autora muestra, con una prosa
ágil y ese ya clásico sello Paisano de prolijidad absoluta, cómo
la representación exterior nos permite comprender el mundo a través de nuestros
sentidos para crear emociones o colores que nos llevarán hacia nuevos estados
sensoriales. Hacia nuevas obsesiones. Es
así que Gastón, al verse implicado de manera indirecta sobre un conflicto,
despertará su necesidad obsesiva de transgresión para volver a ser aquello que
brilló fuerte en un pasado.
La unión familiar, es decir, el
reencuentro con su madre, que si bien lo acepta de mala gana, servirá para
acercarse a su hermana, una vez que el padre le muestre que realmente está solo
a través de su nuevo estado de felicidad.
La novela se construye a través de
binomios dicotómicos que harán oscilar al personaje dentro de una constante
discordancia entre la cultura que siente propia y la edad que vive.
“Estos pibes se creen Otakus”, dice
Gastón y en aquélla reflexión ensimismada encontramos la fuerza necesaria para
hacer que los colores, gracias al gusto de la emoción, transmuten hacia otros
tonos, inclinándose hacia ese amarillo fuerte, qué expande y pide a gritos
moverse de aquí para allá.
Gastón entiende sus sentimientos y
percibe su realidad de la misma manera que lo hace con los caños que arregla.
Con las tuberías que destapa. Siempre guiado por la urgencia. Y de esa manera
se deslizará la certeza de que es imposible reconstruir un pasado más que en
las emociones venideras, en la felicidad futura que propone un presente lleno
de ausencias.
Título: Otaku
Autor: Paula Brecciaroli
Páginas: 84
Editorial: Paisanita Editora
Año: 2015
Páginas: 84
Editorial: Paisanita Editora
Año: 2015
jueves, 12 de noviembre de 2015
La catedral de los negros
Marcial Gala Olivera nació en La Habana en 1965, se radicó en la ciudad de Cienfuegos. La Catedral de los Negros es su primera novela editada por la editorial Corregidor.
Es autor de los libros de cuentos
“Enemigo de los ángeles”, “El Juego que no cesa”, “El
hechizado”, y de la novela “Sentada en su verde limón”. “La
Catedral de los Negros” obtuvo los premios Alejo Carpentier y
Premio de la Crítica en el año 2012.
Por: Fabio Buchanan
La Catedral de
los Negros es una novela situada en la ciudad de Cienfuegos, Cuba, y
está contada en primera persona, donde en un formato testimonial se
completa y complementa, se refuta y se valida mediante la interacción
de los personajes. La llegada desde Camagüey de una familia cristiana al
barrio de Punta Gotica significa el punto de partida para esta
historia coral, polifónica. El padre, Arturo Stuart, al poco tiempo
es nombrado tesorero de la congregación del Santo Sacramento y se
encarga de reunir fondos para la construcción de un templo que
supere todo lo visto hasta ahora en Cuba.
Desde este
momento las vidas de cada uno de los personajes se ven signadas a la
sombra de la Catedral que cada día se alza más
en Cienfuegos.
Violencia,
alienación, marginalidad, la desinformación y el egoísmo al
extremo son puntos de inflexión que marcan las diferentes
personalidades, que corresponden a una época de desarraigo y
adaptación de un país como lo es Cuba, tras la caída del
comunismo. Obrando desde este enfoque sobre la monstruosidad humana
el autor revela la inexactitud del hombre nuevo que se busca, al
menos en Occidente, desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Marcial Gala teje el hilo del relato
de Ricardo Mora Gutiérrez, alias El Gringo, como factor aglutinante
entre la multiplicidad de voces que conforman la novela, siendo el
trasfondo la construcción de la Catedral del Santo Sacramento, que
el pueblo tercia en llamar La Catedral de los Negros, y la sospecha
compartida acerca del mal que afecta a la familia llegada de
Camagüey.
Desde lo humano, desde lo
existencial, desde lo filosófico y lo religioso, siempre desde la
condición política -y no partidaria- del ser humano es que se forma
la polifonía que compone este relato, situado en la Cuba
tras la caída de la URSS, donde, a primera vista, nada parece
guardar ninguna relación con Revoluciones o Guerras, y este panorama
se mantiene hasta el final.
Marcial Gala posee una vasta
experiencia en talleres literarios para jóvenes y adultos. Ha
participado en conferencias en diferentes ferias de libros de La
Habana, Santo Domingo y Guadalajara, ha dado conversatorios sobre
literatura y cultura cubana durante las ferias de México y República Dominicana y ha oficiado como jurado en diversos concursos y eventos
literarios (narrativa y poesía), ocupación que actualmente
desempeña, y, además, organiza una peña cinematográfica y
literaria en la ciudad de Cienfuegos. Es miembro de la Unión de
escritores y artistas de Cuba, UNEAC.
Sus premios: Nacional de talleres
literarios, Nacional Pinos Nuevos de cuento 1999, premio de la Ciudad
de Cienfuegos en cuento y primera mención del mismo premio con su
cuaderno de poesía ‘Viendo pasar un extraño pájaro de ala azul’;
Premio de la revista Matanza al mejor texto publicado en cuento y en
poesía durante los años 2010 y 2011. En cuanto a novelas es premio
nacional Sed de Belleza y en el 2012 ganó el Alejo Carpentier — el
más importante que se otorga en su país—con su obra ‘La catedral
de los negros’, que a su vez resultó premio de la crítica a los
mejores libros publicados en Cuba en el 2012.
Título: La catedral de los negros
Autor: Marcial Gala
Año: 2015
Páginas: 240
Editorial: Corregidor
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